viernes, 24 de mayo de 2013

Constancia ~ Capítulo cuatro

Paul me sonríe.

-Paul, una cosa, siento lo que voy a decirle pero... tengo que marcharme ya -le digo.
-¿Por qué?
-Porque he venido para ver a Amanda, ¿quiere usted acompañarme? -pregunto cortésmente como me enseñaron en el colegio.
-Será un honor poder acompañar a una princesa para visitar a otra y mucho más cuando la princesa de la cual hablamos es Amanda -dice Paul.
-No me llame así nunca más -le digo siendo un poco borde, él me mira con arrepentimiento porque le he dicho las palabras demasiado secas-. Lo siento, es que no me gusta que me llamen así; he vivido toda mi vida siendo "una señorita" y me estoy cansando... -digo con la cabeza bajada-. Y no me trates como a una princesa, sino como a alguien normal y corriente.
-Bueno vale, Becky -dice con una sonrisa-, ¿vamos? -me dice y me coge de la mano.
-¡Vámonos! -digo riendo y yendo hacia el castillo de Amanda.

Es la primera vez que hago algo así de arriesgado, bueno, no le llamemos así, llamémosle "diferente", bueno, no, algo aún más extraño... hum... ¡ya sé! Esta sensación es rara, diferente, tengo como pequeñas maripositas que revolotean dentro de mi estómago, me encanta esta sensación.

Llegamos en silencio al castillo de Amanda, hemos ido en silencio porque yo he estado todo el camino pensando en lo que me ocurría en mi estomaguito, tan concentrada en eso que no me he dado cuenta de que habíamos estado tanto Paul como yo en un silencio absoluto.

En la entrada del castillo hay dos guardias, sólo me acuerdo del nombre del más regordito, porque me recuerdan a mí de pequeña cuando sufrí sobrepeso, sé que eso es bueno porque significa que no tengo problemas alimenticios pero... con eso también empecé a tener problemas con la respiración y por eso tuve que hacer más ejercicio y ahora soy fuerte, tanto mental y psicológicamente. Le digo hola a Ernesto.

-Buenos días señorita Prince -me dice cortesmente Ernesto.
-Llámeme Rebecca por favor -le ruego a Ernesto.
-¿Paul? Lo siento pero usted no puede pasar -le dice Ernesto a Paul.
-¿Por qué? -pregunto sin saber nada.
-Por problemas del pasado, señorita Rebecca, usted no puede entrar con él -me dice de nuevo Ernesto.
-Paul no hará nada, se lo aseguro -le digo con una sonrisa débil porque ya no sé en quién confiar.
-Señorita Rebecca, si pasa algo, grite que todos estaremos para usted.
-Gracias por su cortesía.

Entramos al castillo y le pregunto a una de sus sirvientas dónde está Amanda. Me acompaña hasta encontrarla. Hoy va preciosa, le han resaltado los ojos con un toque de negro en párpado y le han ennegrecido más las pestañas, ¡y eso que ya siempre las lleva súper largas y negras!, aparte, también le han pintado los labios rojo pasión{X}, sé que se ha cambiado por un atuendo de estar por el castillo porque sé que siempre que tiene que salir le ponen el cancán como a mí y grandes vestidos.

-Dios mío -dice cuando me ve-, ¡ahora mismo estaba por ir a verte! Tengo miles de cosas que decirte.
-Y yo también, ¿puedo dormir hoy aquí? -pregunto con cierta timidez.
-Claro, ¿quién es él? -pregunta señalando a Paul.
-Él es un amigo -digo con una débil sonrisita-. También tiene problemas, bueno, los típicos pero... me siento mal porque nosotras vivimos genial y los plebeyos y campesinos pues no tan bien como nosotras...
-Primero vamos a hablar a solas -me dice susurrando al oído-. Amigo de Becky, ¿puede dejarnos un momento a solas? -pregunta siendo cortés como siempre le enseñaron.

Paul se va. Nos quedamos solas; el silencio es sepulcral. Hasta que Amanda empieza a hablar.

-Me tengo que casar -dice rápidamente, intentándose retener las lágrimas; ella sí que no estaba preparada para esto, porque sus padres le prometieron que nunca le pasaría ésto.
-Yo con James -digo de la misma manera rápida y con la voz hueca, pero yo no tengo lágrimas en los ojos, yo estoy con la voz y la mirada perdidas.

Ella obligada a casarse con un desconocido y mayor, yo presa de casarme con alguien con quien no comparto un bonito pasado. No es un gran reencuentro. Ahora entiendo por qué iba pintada y porque estaba más guapa de lo normal. La verdad es que ahora nos parecemos mucho, fícica y moralmente porque estamos en la misma situación y maquilladas de una manera muy parecida.
-Mi niña -le digo abrazándola y acariciándole la espalda intentando tranquilizarla-. Ya verás que todo saldrá bien, puede que sea un buen tipo y todo -le suelto la espalda y le cojo de los brazos haciendo que me mire-. Si pasa algo malo, ven a Constancia, o sino podemos ir a un bosque que está a las afueras, nunca va nadie allí y podremos estar solas; envía a un mensajero siempre que quieras ir y yo llegaré ahí en cuanto reciba la nota -le digo intentando parecer relajada, pero creo que yo estoy mucho más alterada que Amanda, pero eso no se lo puedo decir ahora, no estaría bien-. Sé que estás reprimiendo las lágrimas porque no quieres que el trabajo de Madame Rosie se desperdicie sólo por esto; pero tienes que llorar, tienes que desahogarte.

Al haber dicho eso rompe a llorar como cuando éramos crías y no conseguíamos algún juguete o cualquier otra tontería. Pero las cosas y las personas cambian, estas lágrimas ya sé a qué vienen y es injusto; yo sabía que me pasaría desde pequeña, pero ella... yo pensé que nunca tendría que llegar a este extremo, les iba genial en Tensiko, pero las apariencias engañan. Abrazo a Amanda muy fuerte como si temiera a que se desvaneciera entre el aire y en mis brazos(que es lo que hago), ella me corresponde al abrazo y yo acabo llorando; quería ser fuerte pero no he podido. Parecemos tontas, dos princesas llorando, los campesinos pensarán que no es nada, que ellos lo pasan peor pero la verdad es que no sé qué pensar, porque la vida no está pintada de rosa.

Nos interrumpe de nuestro llanto Paul. No sé a qué venía a hacer, pero suerte que ha venido porque que esté él aquí hace que tengamos que intentar ser más fuertes para que la población no crea que los que están al mando son un débiles porque eso podría ser indicio de una revuelta y no estamos en condiciones de revuelta ahora mismo.

-¿Interrumpo algo? -dice Paul tímido.
-No, tranquilo -digo yo secándome las lágrimas con un pañuelo de tela blanca que tejí yo misma hace bastante tiempo con Amanda, y recordar ese momento hace que me entren más ganas de llorar.
-¿Están bien? -pregunta Paul otra vez en tercera persona.
-Sí, sí -me apresuro en decir-; bueno, no, estamos llorando y no es de felicidad... -digo sinceramente-, pero nuestras vidas te tienen que dar igual, tú lo pasas peor.
-Bueno, de eso estoy seguro señorita -dice Paul.
-¿Qué hace aquí un campesino? -dice Amanda levantando la cabeza y veo que ve un rostro familiar-, tú -dice con una voz llena de ¿odio? No lo sé- ¡fuera de mi reino! -grita, pero no lo suficiente como para que la oigan los guardias, podría haber gritado más fuerte pero sé que no está en buenas condiciones.
-Amanda -le digo otra vez cogiéndole de los brazos obligándola a que me mire-, lo he traído yo, ¿vale? No pasará nada y sus condiciones de vida no son buenas, peores que las nuestras ahora mismo y me preguntaba si tenéis algo de dinero para darle, ya te lo devolveré yo luego cuando vengas a Constancia -le digo mirándola fijamente a los ojos.
-Vale .dice dudosa. Pero sé que duda de él. Porque en mí confía.

Amanda sale silenciosamente del pasillito donde nos habíamos apalancado, bueno, habíamos... ¿qué digo? Si aún estamos en el pasillito.

-Intentaré que tu vida sea mejor -digo intentando sonreír, pero me sale mal.
-Gracias -dice y sé que es más de lo que podría imaginar-, ¿puedo abrazarla? -me pregunta con cara de cachorrito, no puedo negárselo, así que lo abrazo yo primero y él me corresponde. Huele a... huele al campo, no se podrá bañar muy a menudo y bueno, no sé por qué, su olor me provoca un cosquilleo de nuevo en mi estómago, así que esnifo su olor, es como una droga, me hace sentir bien pero no me coloca, me agrada esta sensación y no voy a separarme de él, no quiero separarme de él.

La llegada de Amanda es lo que nos separa. Esnifo una última vez su olor y me obligo a separarme de él. Amanda le entrega el dinero y yo le prometo a Amanda que le devolveré el dinero. Vamos a acompañarlo a la salida y lo abrazo una última vez, me encanta el olor que desprende, él en un rápido movimiento me besa, es un beso rápido y fugaz, aparta sus labios en cuanto se da cuenta de qué está haciendo pero yo lo busco otra vez y unimos nuestros labios otra vez y tanto los guardias como Amanda se quedan atónitos ante lo que están viendo. Ni yo me lo creo.

2 comentarios:

  1. Yo pensé que el Paul tendría unos 50 años¡ me lo imaginaba con famlia, un hombre viejito.. pero me equivoqué.

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    1. No... no es así jeje XD no quiero poner los personajes, porque quiero que se vayan viendo a lo largo de la historia, pero supongo que lo tendré que hacer ya que en ciertas cosas no me sé expresar bien o algo y no me entendéis :$
      ¡Un besito guapa!♥

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